miércoles, 29 de agosto de 2012

Últimamente.

Querer a alguien sólo te da la oportunidad de perder a un ser querido. Eso es lo que pensó mientras terminaba su cigarro de liar sentado sobre un poyete. Últimamente ser normal era jodidamente raro. Ya todo había perdido su esencia y su originalidad. Nada permanecía incorrupto. La gente lo había contaminado todo. Hasta una miserable camiseta que antaño resultaría exclusiva y excluyente, ahora era inclusiva e incluso incluyente. Ser rarito, friki y demás temáticas sociales que eran rechazadas e incluso penalizadas con castigo físico en un pasado no muy lejano, eran ahora abrazadas por el modernismo contemporáneo, ese gran enemigo de la independencia personal y de la inteligencia al uso. Siendo normal cómo iba a encontrar a alguien a quien querer y que le quisiese. Retomó su primer pensamiento. Se dio cuenta de que era lo único que podía concluir si no quería tomar uno de los caminos oscuros que se ofertan en la vida, y que se acaban convirtiendo en un atajo hacia la salida.
Asqueado se levantó y echó a andar por la avenida dándose cuenta de que últimamente sólo le daba vueltas a la misma idea que ya olía a rancio hasta para él.

Resucitándola

Se separó de ella y se tumbó boca arriba. Dejó que su mirada se perdiese por los dibujos de las sombras que la luna proyectaba sobre el techo. Dejó que se perdiese su mirada como perdida lo estuvo la de ella hacía un instante. El calor no les vestía igual que antes. Ni siquiera la cama sonaba como antes. Su cuello no sabía a ella. Ni el olor era el mismo al terminar. Se levantó y la volvió a tapar entera con la sábana. Como cada noche salió de la habitación, y mientras cerraba la puerta esperaba que el día siguiente despertase su corazón y comenzase a latir de nuevo.