sábado, 6 de abril de 2019

La ceniza de mi cenicero.

Camino flotando sobre la mierda como Jesucristo sobre el agua.
Convierto lo puro en basura como Cristo el agua en vino.
He cenado mil últimas cenas y he bebido mil últimos cálices.
He fumado hasta colorear de negro mis pulmones.
He sufrido hasta hacer callo en los ventrículos.
Te he sentido tan cerca que he olido tu aliento.
Hemos estado tan cerca que he sentido los soplos de tu corazón.
Escucho atentamente los murmullos de tu tripa cuando ronronea.
Quiero tu sudor y tu cara al despertar, todo encima de mí.
Quiero mi sudor y mi cara al despertar sobre tu espalda.
Otro cigarro más. Ninguno es el último.
Intento cerrar la puerta que he abierto. Intento detener ese huracán que hace volar la ceniza de mi cenicero.
Escucho gritar a mi estómago cuando te imagino con él.
Todo es una cama de agua insoportable que se mueve sin parar y sin control.
No nos hace falta metrónomo cuando nos sincronizamos en la cama.
Caminas hacia el punto de fuga. Me cago en el puto imbécil que lo descubrió. Él inventó la huida.
Beso tus pies mentalmente y mis labios recuerdan el recorrido de tu superficie.
Resoplo sobre el cenicero sin darme cuenta y me cago en Dios.
Tu espontaneidad brota en mis sinapsis.
Escupo en la alfombra pensando que estoy en la calle y me cago en todos los apóstoles.
Me arrastro sobre un suelo de agujas que me abren caminos en la piel.
Necesito ver tu cara envejecer.
Quiero vivir cada una de tus arrugas.
Quiero colorear cada una de tus canas.
Pero lo que yo quiera no importa, una vez más.

2 comentarios:

Elvis dijo...

La vida es así, casi nada resulta como queremos...
Saludos.

Vecu dijo...

En eso consiste demasiadas veces.
Muchas gracias por comentar, Elvis.