sábado, 25 de marzo de 2017

El reflejo de la muerte.

Había anochecido ya. La luz naranja de las farolas se reflejaba difusa y temblorosa en la acera humedecida por la reciente lluvia. Iba caminando por una estrecha avenida de Madrid volviendo a casa. Los coches pasaban escasos dejando escuchar el pegajoso ruido de sus neumáticos contra el mojado suelo. De repente algo capturó mi atención, que se encontraba perdida entre pensamientos errantes. Una mujer caminaba en sentido contrario a mí. Me miró a los ojos y yo le sostuve la mirada. Llevaba un pañuelo atado a la cabeza. En los límites del pañuelo se podía ver la falta de pelo que cubría. Su rostro estaba teñido por un color amarillento. Su piel se pegaba a los huesos de su calavera como un vestido mojado al cuerpo desnudo. Su mirada era profunda y transmitía un mensaje. Era consciente de que iba a morir, pero no le importaba, lo tenía asumido. Esto no duró más que unos segundos, y cuando nos habíamos dejado atrás, ninguno giramos la cabeza para continuar la muda conversación. En mi mente se materializó mi madre. Un día por la mañana me crucé con ella tal y como me acababa de cruzar con esta mujer. Mi madre iba acompañada por una amiga a su sesión de quimioterapia. Llevaba un pañuelo en la cabeza. En los límites del pañuelo se podía ver la falta de pelo que cubría. Su rostro estaba teñido por un color amarillento. Su piel se pegaba a los huesos de su calavera como un vestido mojado al cuerpo desnudo. Su mirada me sonrió. Era consciente de que iba a morir, y sí le importaba, no lo tenía asumido. Quizá la mujer con la que me crucé fuese el reflejo de mi madre que no pude ver ni aceptar en su momento, y que volvía una década después para dejarme ver que sí estaba preparada para morir.

2 comentarios:

Ziortza Moya Milo dijo...

Tremendo Vecu. Pensar que nuestros seres queridos han asumido lo que les va a pasar a consecuencia de una enfermedad brutal, es un consuelo. Quizá esa mujer era la encarnación de un sueño y un deseo, quizá los sueños sirvan para eso, para explicar cosas que la realidad no puede.

Te mando un abrazo muy fuerte.

Vecu dijo...

La verdad es que es lo peor tener que asumir una situación así, que alguien a quien quieres se muere. Pero peor es que ese alguien tenga que asumirlo. Muy injusto, pero bueno, cuanto más nos acostumbremos al dolor, más preparados estaremos para vivir.

Otro abrazo para ti, y muchas gracias :)