jueves, 16 de febrero de 2017

Tarde que pronto.

El portero del portal que pertenece al edificio en el que vivo desde hace unos doscientos años es un chaval muy majo, de unos veintiocho años, pero muy hablador y más de pueblo que los tractores. A veces me cuesta entender lo que dice. Suelta frases en las que comprime el sujeto, predicado y complementos en una única palabra. Es al castellano lo que Rage Against The Machine al inglés. Pues un día, estando yo saliendo del susodicho portal, portando en la mano un petardo de los que no explotan, me paró con un saludofrase: "¿Qué, ya te vas de juerga? A ver a qué hora llegas hoy". Le contesté, sabiendo que mentía cual rata: "Nah, hoy no me quiero liar mucho". Esa es la frase que siempre va acompañada de una postrer liada descomunal. Y comenzó a contarme su vida, por lo que me llevé el canuto a los labios y lo encendí. "Este finde me bajo pal pueblo. Tengo plan, que mi novia no se viene", soltó con una sonrisilla picaresca. "¿Has quedado con los colegas entonces?", pregunté en mi ingenuidad. "No", otra sonrisa más pícara aún. Silencio. Le miré extrañado, mi ingenuidad seguía bloqueando cualquier posibilidad que no fuese la de que había quedado con sus colegas. Entonces prosiguió: "He quedado con una del pueblo. La típica que desde el instituto la ves que tiene unas tetas (acompañó la frase con un gesto de sus manos en una posición cóncava ante su pecho)... pffff. Y que está buenísima", asentí como comprendiendo, poniéndome en su situación aunque nunca hubiese estado en ella, pues yo fui a un colegio de curas y había ocho chicas para cientoveinte chicos. Y me dijo: "Hace poco estuve apuntado a natación con ella y claro, no paraba de meterle fichas sin parar. Y tarde que pronto caen. Eso es así, contri más insistes más posibilidades tienes". "Jajajaja", me reí yo dentro ya del entendimiento, aunque no comulgaba con esa teoría de la insistencia. "Y qué, ¿has quedado con ella entonces?", le pregunté. "Sí, a ver si puedo ahí en el garaje de mi padre. Que yo soy muy discreto, a mí no me pillan en una (dijo mientras enfatizaba con una negación de cabeza poniendo morritos). Para eso siempre me meto en el garaje y listo". "Oh", dije anonadado mientras pensaba: "Pero... ¿y tu novia...?". Y me dijo como leyéndome el pensamiento: "Yo le he dicho a la parienta que si se quería venir y me ha dicho que no, así que...". "Vaya (pensé), parece que la gente aprecia poco a sus parejas. Si te vas a enrollar con otra u otras, ¿para qué tienes piba, farsante?", pero no se lo dije, soy así de cobarde. O cauto, que no me apetecía meterme en una conversación filosófico-moral en ese momento, y menos con alguien que ni me va ni me viene. En ese momento se me acababa el canuto y le dije: "Bueno tron, me piro". "Vale, ya te contaré".  Me alejé de allí pensando en que ojalá su novia le hubiese dicho que no se bajaba por el mismo motivo que él sí lo hacía, uséase, que ella hubiese quedado con otro ser baboso insistente y fuese de esas que tarde que pronto caen tras la insistencia y a ambos les creciesen los tubos a la misma velocidad.

No hay comentarios: