jueves, 9 de febrero de 2017

Moquete.

Estornudó y con la fuerza de un huracán, una flema salió despedida de dentro y se estampó contra la palma de su mano. Hacía rato que esa viscosidad se agarraba a su tráquea como una tela de araña y producía un ronroneo suave con la respiración. Pero toser no bastaba, así que el estornudo vino de lujo. Muy oportuno. Lo único malo era que estaba en el metro y no tenía con qué limpiarse. No tenía clínex ni nada parecido a un papel. Miró inquieto de reojo hacia los lados, como para ver si alguien le miraba y asociaba el fuerte estornudo y el leve sonido de "splach" que, por otra parte sólo lo podría haber escuchado un vampiro dentro del estruendo del metro, había hecho la flema al chocar con la mano con eso mismo, con el hecho de que ahora llevaba una flema incrustada en la mano. Al parecer nadie le daba importancia. Todo estaba en su cabeza, en su paranoia, los posibles espías, las posibles conversaciones y miradas veladas, los posibles dedos que le señalaban y apuntaban como "ése que se había pringado la mano", algo de lo más normal, pero que no podía dejar de perturbarle si la masa circundante pudiese llegar a saberlo. Al cabo de unos pocos segundos se tranquilizó y comenzó a maquinar la forma de quitarse eso de ahí sin que se notase. Restregar la mano por su pantalón no era una opción. Contra la chaqueta tampoco. La barra metálica del metro menos, pues era peor que las servilletas de bar que restriegan y no secan. Miró alrededor y decidió que elegiría a alguien al azar. Justo llegaba su parada. Una marabunta se iba a bajar, así que entre la confusión de los empujones y el contacto inevitable con los demás seres, aprovechó la ocasión y pasó la mano por la espalda de alguien. No sabía quién era, ni qué llevaba puesto. ¿Un traje? ¿Una chaqueta del Zara? ¿Una americana de pijo? ¿Una chupa de jeviata? Le daba igual, no quería conocer la identidad ni ningún detalle de su víctima. Y todo se resolvió de la mejor manera, nadie sabría lo que allí había sucedido, ni siquiera la persona que ahora llevase el pringue en su chepa, y además tenía la mano limpia. Qué más se podía pedir.

No hay comentarios: