martes, 13 de diciembre de 2016

La vida sigue III.

Se subió al vagón del metro entre sollozos contenidos. Llorosa. Se agarró a una de las barras mientras sorbía el agüilla de la nariz. Pero cuando el dolor rebosaba tenía que utilizar las manos para enjugarlo. Llegó a su parada. Iba tan ensimismada en su tristeza que se puso frente a la puerta que daba a la vía en lugar de la que daba al andén. Y en su ensimismamiento incluso apretó el botón de apertura. Desde el rincón en el que estaba apoyado en el vagón la vio salir apresuradamente mientras el pitido de cierre de las puertas parecía reírse de ella. Desde su rincón pensó que cada uno arrastra su penosa condena de vivir. La vio marchar con cara de indiferencia. Total, ¿qué podía hacer por ella? Nada. Así que bajó la mirada de nuevo al libro y continuó su lectura. La vida seguía.

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