lunes, 12 de diciembre de 2016

Desde mi ventana.

Hace frío y se ha levantado una niebla que parece que alguien ha hecho un submarino en la calle. En todas las calles. Desde mi ventana la veo. Densa. Espesa. Flotante. Dejando sus lágrimas en las ventanillas de los coches. En las hojas de los árboles y de las plantas. En las aceras. En las barandillas que duermen sobre las aceras. ¿Por qué hoy? ¿Por qué llora el aire hoy? ¿Quizá sabe que ayer se cumplió un año desde que empezó lo nuestro? Claro que lo sabe. Desde mi ventana puedo ver cómo llora sobre el primer portal donde juntamos nuestras lenguas por primera vez. Sobre la barandilla en la que nos apoyábamos. Sobre los durmientes coches que eran testigos de aquella tragedia. Ahora, el aire te echa de menos. La barandilla y los coches. El portal. Todos te recuerdan como yo te conocí. Sin embargo, su llanto no me deja ver bien. Veo esos recuerdos en mi cabeza tan borrosos como esos lugares a través de la niebla. Un año. Un año ya y la calle se empapa del llanto que esta vez no sale de mis ojos. Desde mi ventana me doy cuenta de que he contagiado mi dolor a mi entorno. Me fumaré otro de esos para que su niebla salga por las ventanas que llevo un año intentando cerrar y alimente en su dolor a la quejumbrosa atmósfera.

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