domingo, 18 de diciembre de 2016

Ahora.

El pedestal en el que estaba la idealizada escultura de tu cuerpo está ahora lleno de musgo. De moho. Líquenes han crecido alrededor de ti. Se está quebrando. Está agrietado.
La estatua en la que me sonreías está ahora vestida por una expresión en la que me miras con indiferencia y extrañeza.
Las fotografías tuyas que adornaban todas y cada una de las galerías de mi cabeza están ahora mojadas, empapadas en llanto. Descoloridas. Rotas. Dispersas por el suelo.
Del recuerdo de tu cuerpo en mis manos sólo queda una tristeza por saber que jamás volverán a tocarte. Y ahora te toca otro.
La alfombra que tuve extendida a tus pies está ahora deshilachada en algún rincón ignoto en mi interior. Sucia de barro. Los charcos han enturbiado su brillo.
Ahora sólo queda la nostalgia y la tristeza. El amor, la angustia y la ansiedad han desaparecido. Te has convertido en tristeza y nostalgia. Pronto no quedará más que un recuerdo borroso de aquello que pudo haber sido y no fue. Un recuerdo que siempre será triste y lleno de nostalgia.

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