viernes, 25 de noviembre de 2016

Maldita miseria.

Se mesó el tupido vello púbico mientras los miraba. Con esa misma mano se mesó el tupido cabello craneal mientras los seguía mirando. Él estaba apoyado en la barra con una copa en la mano que no había mesado nada. Ellos dos no estaban hacia donde él miraba. Estaban en su imaginación. Felices. Recostada ella sobre él en el sofá. Ambos se querían mucho. Él seguía mirándoles mientras le daba sorbos a la copa que le alimentaban los lagrimales. Se imaginó con ella en el lugar del otro. Movió la cabeza dando cuenta de su estupidez. Tenía que dejar de pensar en ello. Tenía que olvidar aquello tan pronto pudiese. Se volvió a mesar el  tupido vello púbico. Y en esto se le ocurrió una idea. Nada novedosa, pero que le venía bien, o eso creía. Dejó la copa sobre la barra y disimuladamente se puso a manufacturarse un canuto. Eso, eso y no otra cosa le tenía que hacer olvidar, al menos durante aquella noche, la imagen que le torturaba. Se fue fuera del bar y se lo encendió. Se mesó el tupido cabello craneal. Los seguía viendo. Terminó el porro y seguía viéndolos, incluso fuera del garito. Maldita miseria. Cómo olvidar entonces. Qué hacer. Ante la perspectiva de no poder hacer nada para cambiarlo se mesó el tupido vello púbico y volvió dentro del bar. Y volvió a beber. Y volvió a arroparse con la misma miserable miseria de siempre.

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