miércoles, 23 de noviembre de 2016

Gris.

El color de las hojas. El suave mecer del viento frío que las acuna lentamente. El edredón mullido que arropa la luz del sol bañando las calles de luz gris. El suelo mojado oscurecido por la lluvia recién caída. Todo es más relajante. Incluso el sonido de fondo de la calle que se cuela por la ventana entreabierta, las sirenas que se escuchan a lo lejos, todo está cubierto por un manto de romanticismo, tristeza y languidez que se convierten en la mejor compañía, en la única que no incomoda. Gris, no te tornes negro. Tampoco tomes una gama colorida. Mantente, gris, conmigo, no salgas de mí.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Felicidades...