sábado, 19 de noviembre de 2016

El amigo tonto.

Es viernes y sales a dar una vuelta con tus colegas, por qué no. Vas a Lavapiés, que si Achuri, que si Revuelta, que si Calvario que si... cualquier garito que mole de allí y todavía no haya sido conquistado por los pijos modernos decapitables, como sucedió con Tribunal y Malasaña. Resulta que acabas en Alonso Martínez. Alonso Martínez. Hacía cuánto no pisabas esas aceras. Mil años. Pero no importa, una noche es una noche. Vas a un garito al que no ibas hace millones. Casi consigues que te echen por intentar coger una parte del mobiliario del garito. Bueno, salvas la situación porque antes te hiciste medio amigo del puerta cuando fumabas. Tú sigues a tu historia, y llega una piba, a la cual tú no has hablado, es ella la que te habla. Y te empieza a dar una chapa psicológica del porqué no miras a los ojos cuando hablas, del porqué mueves tus manos de tal manera psicótica. Y piensas una cosa, y lo intentas reproducir, pero va tan pedo que no te deja, pero lo intentas: "a ver chica, no te miro a los ojos porque puede que tenga un problema, sólo miro cuando estoy acorralado y tengo que atacar, no te toco porque no quiero contacto humano, muevo las manos así porque sí, no tengo explicación". Pero ella sigue insistiendo y acercándose a tu boca, y te apartas, porque no estás en condiciones de querer nada, ni de liarte, ni de besos, ni de follar. No quieres, tienes a otra persona en mente, aunque no deberías, pero es así. Y cuanto más te retiras cortésmente, más se acerca. De hecho casi te obliga a que la invites a acompañarte a por una cerveza. Y cuando llegas a la barra, llega el colega idiota. El típico que nunca, jamás, se la va a follar, pero que si él no puede, que nadie pueda. El típico panoflas de la uni que lleva detrás de ella más de un día y patosamente lo intenta, pero es que pasa de él, pero lo sigue intentando, y pasa de él, hasta tal punto que te buscó a ti. Sin embargo, le come el tarro cuando ha llegado a la barra a pedir el tercio para los dos, para ti y para ella, para ambos. Y es en ese punto cuando de repente ella parece entrar en razón y, de repente, hace que no te conoce, hasta el punto de mirarte mal. Entonces, miras en derredor, te miras las manos, miras el tercio que no querías, al cual te iba a invitar. Miras. Y se pira. Se pira el tonto de las pelotas y la piba, tonta de las pelotas. Y te quedas con cara de "quécojoneshapasadosiyonoqueríanadaconnadienitampocountercio". Y qué haces después de haber aguantado la chapa de la piba, las miradas del tonto y el truco o trato en el que te toca pagar el tercio, pues pagas el tercio. Y al final igual ni te lo bebes. Te piras del garito con la sana intención de asesinar a gente, con las ganas de ser Anomander Rake con un porro en la mano, y en la otra Dragnipur para decapitar a infames. Sobre todo a esos subnormales que jamás follarán y que quieren que el resto no folle debido a su inutilidad para conseguir acceder a unas bragas.

No hay comentarios: