lunes, 28 de noviembre de 2016

El alta terrorífica.

Le iban a dar el alta en unos pocos días. Iba a volver al trabajo. Estaba acojonado. Acojonado por la posibilidad de encontrarse con ella. La única persona que había logrado llegar al núcleo, a la más profunda de las murallas concéntricas que le recubrían. La persona que más había amado, amaba y, creía, que amaría nunca. No se veía preparado para afrontar un encuentro, que lo más probable es que fuese un encuentro que daría pie a una situación antinatural, una situación en la que dos personas que se han querido como nada en el mundo, que se han entrelazado en la cama llegando a cotas de placer y niveles de abstracción por encima del común de los mortales, se ven limitados y obligados a ignorarse o como mucho decirse un "hola" de pasada. Ahora mismo cualquier opción le derrumbaría. Tanto si ella le hablase de forma normal, tanto si ella le ignorase, tanto si sólo le saludase y después le ignorase, como que ella quisiese tener una conversación sobre lo que había ocurrido. Todo le acojonaba por igual, sabía que le iba a derruir con tanta facilidad como Godzilla un rascacielos. O no, quién sabe. Lo único certero es que volvía y no quedaban más cojones que afrontarlo. Y así lo haría.

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