miércoles, 16 de noviembre de 2016

Carta sin destino II.

Se encontraba sentado en un banco frente al buzón de correos amarillo. En una mano llevaba una carta para ella. En la otra portaba un porro. Le dio una calada mientras se dejaba congelar por el gélido aire que le acariciaba implacable y sin remordimientos. Exhaló el humo y lo miró. Lo vio retorcerse indefenso y a merced del ataque de la potente brisa. Sintió su sufrimiento como si fuese el suyo propio. Mientras, pensaba en qué era más complicado y doloroso, si el tener que olvidar a alguien por imposición, o el hecho de querer ser olvidado por ese alguien. Miró el sobre con la carta. Miró el buzón. Miró el porro. Le dio otra calada y saboreó el mareo. Ciertamente, no tenía ni idea de qué le costaba más, si olvidarla o que ella hubiese decidido olvidarle, pero aquello qué importaba. Así que tiró la chusta al suelo y volvió a mirar el buzón. No la metió en él. Si ella había decidido olvidar, para qué insistir en mantenerse en el recuerdo de alguien que no quiere ese recuerdo. Y como no era amigo de la insistencia cansina y contumaz, la partió en dos mitades. Y luego en otras dos. Y así hasta que ya no pudo hacer más pequeños los trozos de papel. Y lo que hizo después fue verterlos como lágrimas en la papelera que había al lado. Para qué entregarla.

2 comentarios:

Ziortza Moya Milo dijo...

¡Muy bueno Vecu! A pasar página.

Vecu dijo...

Puf, es que esta página me gusta mucho y cuesta :/
Gracias por el comen.