miércoles, 26 de octubre de 2016

Carta sin destino.

Escribió la ultima palabra de la carta que la había estado escribiendo. La dobló y la metió en el sobre. Le dio la vuelta y comenzó a escribir su dirección. Se detuvo. Se quedó mirando la dirección a medio escribir, pensativo. Volvió el sobre y sacó la carta. ¿Qué pretendía? Qué pretendía con aquel mensaje escrito que tantas veces antes se lo había dicho en voz alta, susurrado al oído, dibujado en la espalda, acariciado en su boca, besado en su ombligo. Qué pretendía ahora, ya era tarde. De nada había valido las otras veces, de qué iba a valer que fuese escrito en una carta. La desdobló y, sabiendo que ella jamás recibiría la carta, se la leyó en un susurro tenue y apagado sabiendo que jamás le oiría.

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