lunes, 12 de septiembre de 2016

Te extraño.

Llevamos tan sólo dos semanas sin vernos y me parece que hayan pasado años. Como si hubiesen pasado suficientes eones para que Cthulhu despertase. Cuando logro enfocarte dentro de mi cabeza, te extraño. Te noto con una sensación de extrañeza, sobretodo cuando mi memoria me deja evocar uno de esos momentos que nunca habrían presagiado que íbamos a acabar así. Me parece tan imposible. Tan imposible que haya sucedido esto. Y es que cuando te recuerdo en los mil momentos en los que hemos estado, y te recuerdo ahora, a la tú de hace un mes, en mi cabeza apareces como dos personas diferentes. No porque lo seas, sino porque ambas situaciones son tan diferentes que parece que haya vivido cada una con una persona distinta. Extraño el no ir contigo en tu coche y juntar las manos en la palanca de cambios. Extraño los tés que ya no nos bebemos. Extraño el no tener tus piernas atadas a las mías debajo de la mesa. Extraño las risas en las comidas. Los besos en la tetería. Los besos en la barandilla del callejón que lleva a mi casa. Los portales, el autobús que nos llevaba a Goya. Leer contigo. Regalarnos mierdas. Dibujarte. Extraño el poder verte en línea en el Whatsapp y saber que estás ahí para escribirme. Extraño el ir contigo en el tren de ida y en el metro de vuelta. Extraño tu cuerpo. Tus labios. Tus muslos. Tus hombros. Tus comisuras. Tus manos. Tu colonia. Mi nariz en tu axila. Extraño los cubatas que ya no me vas a tirar por encima. Extraño los abrazos en los que sentía tantas cosas extrañas para mí. Extraño cada paso que doy sin ti. Extraño el momento en que escuchamos música pegados a una pared. El día que te empapaste al volver de Goya. Extraño muchísimo tu risa y el sonido de tu voz. Extraño tus gestos, sobre todo el que ponías cunado fingías sorpresa o interés. Es extraño notar mis pulmones llenos de un humo sin ti. Un humo en el que no estás. Es extraño saber que en mi móvil no va a haber ningún mensaje tuyo. Que cuando me despierte no va a haber nada que me recuerde a ti, bueno o pésimo, sin sentir nostalgia, pena, frustración, angustia o tristeza. Me resulta extraña la sensación de haberle dado mil vueltas a un problema, teniendo todos los datos, y no ser capaz de entenderlo ni de llegar razonablemente a una solución final. Tan sólo dos semanas sin vernos y todo ha cambiado tanto. Qué extraño. Qué difícil.

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