jueves, 15 de septiembre de 2016

Sin salida.

Cuánto tiempo llevas en esa habitación de oscuridad. De aislamiento. Ni lo recuerdas. Cuánto tiempo llevas andando entre rosales de rosas negras que clavan sus púas por todo tu cuerpo impidiéndote avanzar. Haciéndote sangrar a cada paso. La sangre brota espesa y oscura. Te empapa. Hace que la ropa se pegue fría, gélida, a tu piel empalidecida. Cuánto tiempo llevas en esa espiral de autodestrucción física y mental que ya se ha convertido en lo cotidiano. No lo sabes. Sólo sabes que se ha convertido en tu rutina. Ya no te esfuerzas por intentar encontrar la llave que abra la puerta sellada de esa negra habitación. No peleas contra las espinas de esos protervos rosales que se agarran despiadadamente. Ya no intentas nadar contra corriente en ese remolino que te hunde hasta lo más profundo. Dejas de pelear contra ti mismo y contra todo lo demás. Te dejas ganar. Nunca has sido una persona que consiga grandes logros, no es momento de serlo.

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