jueves, 1 de septiembre de 2016

La gran boda.

A su alrededor todo eran bodas o hechos relacionados. Manos obesas, todos sus dedos eran pulgares. Y el anillo embutido asfixiando los anulares. Pero cómo, en qué época anterior pudo jamás entrar ese aro por tan hinchada prolongación insultante. Extras de ese momento que hablaban sobre el ya tenemos el vestido, o ya tenemos el peinado, o el qué guapa vas a estar. ¿ Y a los bogavantes los vais a vestir con tutú y con cofia? Se imaginaba cómo sería la boda de ella. Un bodorrio de pueblo o aristócrata, quién sabe, trescientos invitados. Noventa y cinco por cien seguro de que la mayoría compromisos de trabajo, amigos y familia de los padres. Se la imaginaba estupendamente peinada. Él henchido de orgullo, sin pensar en los dos apéndices que sobresalían puntiagudamente invisibles a los lados de sendas sienes, que hacía un mes le habían estado torturando. Ella sonriente, con una expresión de felicidad que escondía todas y cada una de las preocupaciones que la habían estado estrujando el estómago hacía poco. Llegó el momento del vamos a contar mentiras. "Y tú, X..., ¿quieres a Y... como tu futuro marido en la blablabla hasta que la muerte os separe?" "Sí quiero". ¿Pero se lo has dicho mirándole a los ojos y sonriendo? Un trozo de su corazón saltó por los aires, como si acabase de explotar un cartucho de Goma2. Llegó el momento de poner los anillos. Esos anillos traídos por una niña o un niño, lo cual convierte la escena ya de por sí entrañable por la capacidad intrínseca de esos pequeños seres que andan como si tuviesen los ligamentos cruzados de las rodillas cruzados alrededor de las piernas, en una escena de vómito fácil. Y como colofón, vestidos con unos harapos que les convierten en perfectas criaturitas sacrificables al calor de la pira que se podría construir con sus papás. Esos anillos se introdujeron relucientes y cupieron sin problema alguno en las manos, que para él, eran las incorrectas. Y llegó el momento de mirarse a los ojos y besarse. ¿En quién estaría pensando ella? En él, o en el novio. ¿A quién le dedicaría el beso? A él, o al novio. No quería imaginarse esa escena, su cardias bramaba. Momento regalitos durante el banquete. Ella mariposeando como súper feliz en el día más feliz de su vida, porque así se lo han vendido desde que tenía cero años, y entregando obsequios. Bolsitas gurrumidas elegantemente con lazito rosa, por supuesto, que es para las chicas, y ése es su color. La bolsita contendría una foto súper especial de la cara de los novios juntando labios torpemente con la fecha escrita en un dorado artístico. Él pensaba que los labios de ella solamente podían encontrar la virtud en los suyos. A ellos un puro o un alfiler para la corbata o lo que quiera que cojones se regale en las bodas a los varones. Momento post cena. ¡Shhhhhhh! Se apagan las luces. Un último ¡Shhhhhh! ¡Qué empieza! Y todos miran como gilipollas un pantallote en el que se proyectan imágenes del novio de bebé. "OOOOOOOOH", quincemil oes de entrañabilidad que harían vomitar a la ratita presumida. Ahora sale ella. Ídem. Luego fotitos con los amigos de pequeños y ya no tan pequeños. De viajes. Los colegas se dan coditos como recordándose aquellas anécdotas que eran... cómo eran. Le habría gustado verlas en el momento de ser ejecutadas para poder asesinarlos antes de que pudiesen llevarlas a cabo y ahorrar así al mundo su posterior visión en una boda. Con ella y sus amigas sucede lo mismo. ¡Qué recuerdos! Menudo polvo con aquél en el viaje, jijiji. Y nada. Se hacen los bailes de mierda típicos y los novios se van. ¿A dónde se van? ¡Un momento! ¿A la habitación? ¡Pero que alguien lo impida! ¡Que alguien haga algo! ¿Les van a dejar hacer eso? Porque van a hacerlo, ¿verdad? , se pregunta él impotente e indefenso. Pues nada, adelante, hace un mes estaba en la cama con él y ahora está con su presente marido. Sólo esperaba que mientras lo hiciesen, no se acordase de él. Que no recordase su cara, sus gemidos, sus azotes, sus besos, su lengua lamiéndole cada rincón, su dedos clavándose donde no deben y acariciando donde sí. Esperaba que al menos a él sí le respetase y hubiese borrado todos sus recuerdos antes de poder hacer lo que iba a hacer.

No hay comentarios: