viernes, 9 de septiembre de 2016

Id a misa, hacedlo por mí.

Id a misa, por favor. Hacedlo por mí, que no voy y me gustaría enterarme de las nuevas noticias que haya en el Antiguo o Nuevo Testamento y que no hayan contado ya. Decidle al párroco que no se quede afónico por nada en el mundo, por lo que más quiera, por favor. No me gustaría que tan vibrante y afinada voz que narra los cuentos y canta las salmodias se quedase sin instrumento. También, no es que lo ponga en duda, pero nunca está de más decirlo, decidle que se lave las manos antes de repartir la Hostia sagrada, y que le dé un sorbito al vino, que no sea cabrón, que no se lo beba, que luego cuando moja ahí las obleas parece como cuando sólo te quedan los restos del Nesquik después de haber mojado todo el paquete de galletas y cuando vas a meter la última no se humedece más que el único punto tangente al fondo de la taza del círculo galletoso. Ante todo poneos en pie y sentaros cuando él os lo diga. Sabéis que le gusta que las cosas se hagan bien y en su justa medida. No seáis vagos que no os va a hacer levantaros y sentaros nada más que unas dieciocho veces. Y, por favor, por favor, haced el máximo esfuerzo por creeros lo que quiera que sea que os cuente para que luego, cuando me lo contéis, parezca verdad y me lo pueda creer yo, que ponéis unas caras a veces que no convencéis luego.

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