domingo, 4 de septiembre de 2016

El lavavajillas de los domingos.

Por ti me llegué a plantear que ya no quería vivir solo el resto de mi vida. Me llegué a plantear la idea de poder llegar un día a casarme e incluso tener hijos. Aunque sólo se fuese a materializar como idea. Pero es que antes ni se me ocurría pensarlo. Era una aberración. Me imaginé viviendo contigo. Queriendo que llegase el domingo para, por primera vez en mi vida, no sentir la angustia de que al día siguiente es lunes, por el hecho simple de que estarías a mi lado poniendo el lavavajillas conmigo. Todavía te busco en cada persona que pasa. En cada grupo de gente sentada en una terraza. Miro siempre al fondo del andén por si fueses a aparecer. Sabiendo que no vas a ser, que no vas a estar, que no vas a aparecer. Incluso en lugares inverosímiles, en lugares en los que jamás estarías ni estarás. Incluso ahí te sigo buscando. Ahora te sueño en forma de pesadilla. Te pienso en forma de ansiedad. Te imagino en forma de angustia. Sé que ya no vamos a volver a leer juntos. A escuchar música en el móvil sentados con la espalda en una pared. Ya no vamos a volver a subir juntos en un ascensor. Ya no vamos a buscarnos con la mirada para sonreírnos. Ya no vamos a volver a compartir un cigarro. No vamos a comer juntos. Sé que nunca pondremos un lavavajillas juntos ningún domingo de ninguna semana de ningún mes de ningún año de ningún lustro de ninguna década de ningún siglo de ningún eón de nuestras vidas.

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