lunes, 5 de septiembre de 2016

El camión de la basura IV.

Habían pasado unos años. Aún la recordaba. Tenía en su memoria todo lo que se había grabado a fuego cuando estuvieron juntos. Nada les unía ya. Hacía mucho que no les unía nada y no se veían. Qué sería de ella ahora. ¿Seguiría casada? Cogió el vaso cargado de alcohol y le dio un sorbo. Lo terminó. Miró al camarero con ojos vidriosos y le hizo un gesto. Sin decir nada, le sirvió otro de lo mismo. Le miró silencioso compadeciéndose de aquel pobre desgraciado que desde hacía mucho entraba en su bar para beber hasta perder el sentido. Dejó un billete sobre la barra y se levantó como pudo del ajado taburete dejando a medias el vaso que acababa de pedir. Salió a la calle. El camión de la basura tenía que estar al llegar. Miró una vez más hacia arriba. Hacia las ventanas de su casa. Había luz. ¿Estaría ella apoyada en su hombro viendo una película? ¿Estarían sentados en el sofá con sus hijos? ¿Seguiría viviendo allí o se habría ido ya? Se sentía idiota. Igual ni siquiera vivía ya allí y él seguía yendo como un perro nostálgico. Desvió la mirada lloroso. No podía sostenérsela a aquellas crueles ventanas que le hacían preguntarse tantas cosas que le derrumbaban. Oyó a lo lejos al camión haciendo su ronda nocturna. Lo miró. Se acordó de aquel momento hacía mucho en que había estado en ese mismo sitio y se había prometido por primera vez no volver allí jamás y no volver a mirar. Se rio de sí mismo y de su debilidad. Se encendió el porro que llevaba en el bolsillo y echó a andar. Y se fue mintiéndose una vez más, repitiéndose una vez más que ésa era la última.

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