sábado, 27 de agosto de 2016

Que no quiero otra.

"Tranquilo, yo también he pasado por eso y ya llegará otra". Te lo dicen con toda su buena intención. Familiares. Amigos. Estás sufriendo una ruptura y tienes que pasar el duelo. Y les respondes mentalmente, les respondes que "lo sé, sé que puede llegar otra, pero es que no quiero otra". Lo que no entienden es que tú no tienes ningún problema con que no aparezca otra persona en tu vida. Sabes vivir solo perfectamente. Lo has hecho toda tu vida y lo puedes hacer. Lo que yo quiero es a ella y no otra cosa. Es que quiero a esa persona que me ha hecho plantearme todos y cada uno de los cimientos en los que se sostenía mi soledad. Mis convicciones. Mis no querer casarme ni hijos. Mis no querer poner lavavajillas juntos los domingos. Además, no habéis pasado por esto. Vosotros entregáis vuestro amor a quien quiera que cruce el paso de cebra mientras esperáis a que el semáforo se ponga en verde. Sólo ella ha hecho tambalear a mi sansón de los principios. Al atlas que sujetaba mi mundo. Le ha hecho cosquillas en los sobacos y él ha dejado caer todo, rompiéndose en una miríada de trozos imposibles de volver a juntar. Me siento como aquél que ha ganado un millón en los ciegos y lo pierde todo en siete meses sin quedarle nada más que la ruina. Me siento como Adán en el minuto después de que Dios le dijese que estaba despedido. Me siento como la cobra que ya no tiene una flauta con la que bailar. Como la bandera pirata sin el barco. Como las carpas del retiro sin el pan de los idiotizados seres que hacen de zombi por allí. Como John Kennedy Toole cuando no le publicaron su obra y tuvo que suicidarse. Como Mohamed cuando se equivoca y no reza mirando a la meca, y después de tres horas de oración se da cuenta de que sus plegarias no han valido para nada. Como el monstruo agonizante que crea Bart Simpson con la varita. Como Zapp Brannigan cuando le echan de la D.O.O.P. No os dais cuenta de que esto no es un capricho ni una obsesión. Es lo que me ha hecho vivir siete meses.

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