lunes, 22 de agosto de 2016

Mercenario karma.

Vas por una calle de tu barrio de toda la vida, que te gustaba, la usabas siempre en tus paseos, y les ves. En su puto coche espléndidamente blanco. Él al volante, cómo no, macho. Ella de copiloto, cómo no, hembra. Y resulta que el bueno del karma, en lugar de hacer que te vean ellos a ti y se les revuelvan las tripas, hace que les veas tú a ellos. Por medio puto minuto. Medio minuto después y habría sido al revés. ¿Qué te he hecho karma? ¿Qué te dan ellos que no te dé yo? Dímelo y lo solucionamos en un momento. Puto karma, mercenario de mierda. Te vas con el que mejor te paga. ¿Pero qué consideras tú que es mejor paga? Lo que yo te ofrezco es lo que se supone hay que ofrecerte, karma. El bueno rollo, las buenas acciones. No sé, está claro que esta guerra entre ella, él, el karma y yo no la voy a ganar yo. Así que me retiro. Más vale una retirada a tiempo que un ojete desgarrado.

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