miércoles, 10 de agosto de 2016

Infeliz.

Anímate que ya sólo puede mejorar. Hay más peces en el mar. La vida es preciosa. Sonriéndole a la vida. Mis dos soles, lo mejor de mi vida. Cuántos mensajes más de esta calaña podéis inventaros. Cuánta falsa felicidad podéis intentar, infatigablemente, hacerme creer que desprendéis y vivís. Miserables. Despreciables y repugnantes cadáveres vivos. Muertos en vida. No puedes animarte cuando has tocado fondo por el hecho de que ya sólo pueda ir mejor y puedas ascender. La mierda como yo se hunde. No flota. Tiene una densidad viscosa que, una vez ha caído en el inmundo charco, le hace descender como si tuviese adheridos bloques de cemento, hasta el barro. Y ahí se queda tragando cieno, arrastrándose según las corrientes gélidas. Pero nunca puede nadar hasta la superficie de nuevo, porque el único camino por el que podría hacerlo no existe ya. Quién ha dicho que yo quiera más peces en el mar. Quiero a uno sólo. Quiero ese pez y no otro. Qué te hace pensar que la posibilidad de estar rodeado de más entes entre los que elegir pueda hacerme feliz. La vida es una puta atrocidad cometida contra aquellos que viven. Te tiende la mano tiernamente y te ofrece cuatro o cinco golosinas, para que cuando estés confiado cierre el puño contigo dentro y te asfixie. Te aplaste. Te triture y te machaque. Y convertido en polvo te suelta para que el viento embrutecido te disperse por mil lugares. Si le sonríes a la vida eres imbécil. Es como querer a quien te odia. Es como acariciar cariñosamente un cactus. Es como respirar plácidamente debajo del agua. Como besar en la boca a una cobra. Como aplastar tu sonrisa contra una plancha de metal incandescente. Pero te da igual porque eres imbécil. Tus dos soles, la cuna de tu felicidad, se convertirán en dos marionetas como tú, hechas a tu imagen y semejanza que ultrajarán y contaminarán el mundo y a cualquier ser, animado o inanimado, que se le acerque. Lo mejor de tu vida es lo que hace que la mía sea una mierda. Que no quiera vivir, porque la única manera de hacerlo es rodeado de auténtica bazofia como tú. Sois tan miserablemente putrefactos que podéis vivir sobre una montaña de cantos rodados sobre los que os autoconvencéis que podéis estabilizaros. Tenéis el corazón lleno de telarañas de no usarlo. Dejadme en paz y dejadme vivir amargamente lo que amargamente me han obligado a vivir.

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