miércoles, 20 de julio de 2016

Dejadme en paz II.

Me dice el ordenador que me actualice el Windows al número diez. Que el 29 de julio vence. Pero qué coño. Quién le ha preguntado. Pues que venza. Que venza y gane. A mí qué me importa. Bien por él.
Voy a por un par de vaqueros al Corte, porque me hacen falta por nesecidad, y me explican que esos vaqueros, justo los que he elegido yo, una columna de pantalones más a la derecha o a la izquierda no, pero los míos sí, no están de rebajas. Y yo me quedo con cara de estupefaciente y le respondo que qué rebajas, que yo no venía con la idea de que me rebajasen nada. Y me miran raro y dicen "ah, vale". Pues claro que "ah, vale".
Voy a coger el metro en Plaza Castilla y veo tres desmayaos con dos pancartas a los lados preguntando que si conozco a Geová. Pero dejadme en paz, ¿no? Por qué está bien visto que los cristianos, sean de la secta que sea, o cualquier tipo de religión, te asalten y te intenten convencer de sus creencias y no está bien visto que yo les explique por qué han de coger tres cuadraditos de papel para limpiarse el culo, y además cómo optimizar su utilización al máximo, para que lo hagan como yo. Por qué. En cualquier caso, yo no les trato de convencer de eso ni de que no crean en sus cuentos de dragones, ballenas que tragan profetas ni náufragos que se llevan una pareja de cada animal vivo en la tierra a ver mundo.
Llega la subida de sueldo en el curro, la esperada carta para saber si subes y te tienes que alegrar o te quedas igual y te tienes que indignar. Todos como hienas: "mañana mañana", dicen atropelladamente y babeando. "A este le van a subir no sé cuánto". Y a mí qué cojones me importa. Bien por él. Alégrate de que le ascienden y le pierdes de vista. Y cuando les han dado la subida, hablándolo como niños que comentan las notas de un examen que les acaban de dar. Y te preguntan: "¿te la han dado ya? ¿Te la han dado ya?". "No". Y te dicen que metas presión. Y al día siguiente igual: "¿te la han dado ya? ¿Te la han dado ya?". ¡Qué no cojones, que me dejéis en paz!
Total, conclusión: que os practiquéis una combustión espontánea y me dejéis en paz, coño.

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