domingo, 26 de junio de 2016

Una sonrisa de verdad.

El esqueleto se despertó. Frotó sus cuencas vacías para desperezarse un poco. Dio un bostezo silencioso, hacía tiempo que había perdido la capacidad de emitir sonidos. Se giró y la vio. Ella seguía dormida. Se quedó mirándola un rato, absorbiendo en la oscuridad de las cuevas que había encima de sus pómulos la belleza de aquel perfecto esqueleto. Seguía siendo tan perfecto como lo era en vida cuando compartían carne. Se acercó para besarla, pero cuando estuvo a la distancia en la que antaño habría notado su aliento, se detuvo. No quería despertarla con el choque de sus dientes. Permaneció mirándola y en su cara se dibujó una sonrisa, se sentía bien porque no era aquella sonrisa estúpida y macabra que de forma natural visten los cadáveres descarnados. Era una sonrisa verdadera. Se volvió a tumbar con cierto sentimiento de melancolía, pero sabiendo que la tendría por toda la eternidad.

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