domingo, 22 de mayo de 2016

Su sabor.

Se olió. Todavía olía a ella. A su humedad. La tenía grabada en sus manos. Tatuada en su leguna. Le vinieron reminiscencias de su sabor. De su cuerpo empapado. De su respiración entrecortada y de su cadencioso deseo. No se lavó. No quería perderla. No comió nada para mantener en su boca su sabor. No estuvo nunca más con nadie. Si tenía que haber una última vez, quería que fuese con ella.

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