jueves, 5 de mayo de 2016

Sin llegar.

Recorría los caminos como un alma errante. Sin destino. Las aceras y las calles no le conducían a ningún sitio. Tampoco quería llegar. Se limitaba a existir. Desde que la perdió ya no tenía ningún objetivo. Nada a donde ir ni donde llegar. Nadie donde refugiarse ni donde consolarse. Ninguna pared para llorar ni lamentarse. Así permaneció hasta que se murió. Después de muerto, si es que es cierto que las almas a las que les queda algo por alcanzar quedan atrapadas, él permanecería así. Caminando siempre sin llegar.

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