domingo, 8 de mayo de 2016

Hecho es simple.

¿Os habéis preguntado por qué os gusta la música que os gusta? ¿Os habéis preguntado alguna vez por qué os gustan ahora los pantalones que no visten los tobillos y son ajustados hasta la incomodidad? ¿Por qué esas zapatillas y no otras? ¿Por qué ese vocabulario? ¿Por qué esa corriente supuestamente sana e intelectual? Porque os gusta respondéis. Qué casualidad que os guste todo eso justo y cuando le gusta a todo el mundo. Pues lejos de conseguir esa genuinidad, originalidad, exclusividad y autenticidad que pretendéis, sois todos la misma puta calaña sobrante, nefanda, putrefacta y exterminable. Precisamente por querer estar integrados en la muchedumbre, placenteramente inflamable para mí, perdéis aquellos atributos que no os cansáis de fingir que os los veis los unos en los otros. Y todo porque realmente no los tenéis y lo sabéis, pero os lo tenéis que repetir en voz alta los unos a los otros para que recíprocamente os lo reconozcan y así poder quereros. Yo os pido, os ruego, os suplico: no os queráis tanto y suicidaros. Dejad de ser tan molones y pegaros un tajo en la tráquea. No moláis. El hecho es simple.

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