viernes, 22 de abril de 2016

Una conversación de mendigos.

Allí estaban los tres, debajo de un puente refugiándose de la ligera lluvia que sin ser copiosa humedecía el suelo y todo el decorado de esa ciudad. Su pequeño conciliábulo se desarrollaba en derredor de una austera hoguera que iluminaba ténuemente sus rostros ennegrecidos por la mugre.
- Vaya día, ¿eh, Juancho? - preguntó Moncho.
- Pff.
- ¿Poca ganancia hoy?
- Pff.
- Ya, yo tampoco he sacado mucho. - Le ofreció un cigarrillo a su compañero mientras miraba a Trujillo ahí tirado en sus cartones.
- ¿Y este? Pronto se ha ido a dormir, ¿no?
Juancho, sin decir nada aceptó el ofrecimiento del pitillo con tembloroso pulso crónico. Le costó sacarlo porque al otro también se le zarandeaba la mano como si una entidad invisible le estuviese agarrando la muñeca y moviéndosela.
- Pásame el cartón de vino anda. - Le dio un reconfortante sorbo que le calentó y templó por dentro. - Esto es vida, ¿eh, Juancho? - Un leve gruñido fue su respuesta. - Todavía me acuerdo de mi mujer. ¿Te he enseñado esta foto? - Se la había enseñado mil veces, era la única que conservaba dentro de su raída y despeluchada cartera de cuero. Juancho la miró como si fuese la primera vez. - A que es guapa. Me quería mucho. Y yo a ella. No sé cómo se torció todo. Aún sigo sin saberlo.
 Juancho respondió con un ronroneo de asentimiento.
- Tú eres un triunfador, Juancho. Mírate. Has conseguido querer lo que tienes. No te importa nada.
Hubo un silencio largo, tan largo como para acabarse el cartón y darle unos sorbos a otro que acababan de abrir. Moncho le señaló con la cabeza a Trujillo.
- ¿Y este? Dile que se venga a cenar un poco de vino, que siempre le gusta antes de dormir.
Juancho se acercó al hombre arropado por cartones, se acuclilló y le llamó con la mano. Le agitó un poco el hombro. No hubo respuesta. Un poco más fuerte. No hubo respuesta. Le zarandeó con violencia asustado. No hubo respuesta. Se levantó con el pulso más incontrolado aún. Miró a Moncho que estaba sin habla y con cara circunspecta y le dijo con la voz tan temblorosa como su pulso:
- Trujillo sí que es un triunfador.

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