jueves, 3 de marzo de 2016

Ya no queda nada.

Ya no le quedaba nada de ella.Ya no iba a disfrutar de su nariz fría en su cuello. De sus muslos ni de sus hombros. No iba a poder abrazarla aunque la tuviese a menos de un brazo de distancia. Lo único que podía hacer era llorar. Lo más cerca que podía aproximarse a ella era al abrir el What's App y buscarla. Mirar a qué hora se había conectado. Eso era lo único que le acercaba, y a la vez le destruía. Dos días atrás se habrían escrito muchas cosas. Muchos sentimientos se habrían traducido en letras. Ya no. Sus ojos se humedecieron una vez más. Antes ya lo había pasado mal por alguna persona, pero se había quedado en ansiedad, en ira, en algo superficial. Esta vez estaba deshecho. En ruinas. No quedaba ninguna columna dentro de él que le sustentase ni sostuviese. Cuánto tiempo iba a tardar en reconstruirse. Y cuando lo consiguiese, lo único que iba a poder levantar sería un decrépito y penoso reflejo de lo que fuera antes, cuando había estado con ella. Ya no le quedaba nada de él. Ya no le quedaba nada de ella.

No hay comentarios: