miércoles, 2 de marzo de 2016

Últimamente XVI.

Lo normal habría sido no gustarle. No gustarle y que sólo le considerase un amigo, uno más. Eso pensaba mientras le daba unas caladas al espirituoso desdensificador de almas y pensamientos. "Cómo cojones - pensaba - le podía gustar a ella", era algo inverosímil totalmente. Si era incapaz de no parecer idiota. Si no era capaz de comportarse normal. Si además se iba a casar. Podría hacer como que no le importaba nada y haberlo dejado fluir hasta donde llegase, pero no le apetecía. ¿Qué es lo máximo que habría conseguido, acostarse con ella con una remotísima posibilidad? Para qué. No es eso lo que quería. Quería poder acostarse con ella siempre que quisiese, y que no fuese a escondidas ni con la conciencia dándole empujones por dentro. Últimamente se daba cuenta de que las cosas no podían salir nunca si no eran del revés. Estaba como un escarabajo panza arriba que se resigna esperando a que algún agente externo le ponga bien. Además ¿qué podía hacer? Nada. No podía hacer nada. Y aún así se sentía mal por no ser capaz de poder hacer que las cosas fuesen diferentes. Mientras se terminaba la chusta, pensaba que habiendo estado cerquísima de algo perfecto, había estado a años luz de conseguirlo. Últimamente no podía evitar autocompadecerse y darse asco. Al parecer ése era el estado natural al que le dirigía la cuesta abajo por la que se hundía más y más cada vez que vivía. Últimamente sólo pensaba en ella y en que la vida era una puta mierda.

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