martes, 29 de marzo de 2016

Sólo queda imaginar.

Una caricia es todo lo que podía tener. Conformarse con acariciar su mano, sus dedos. Llegar como mucho hasta un poco más allá de sus muñecas. Eso es todo con lo que se tenía que conformar. Repasaba sus dedos con los suyos, imaginándose que eran sus piernas. Sus muslos. Seguía con sus yemas el camino que marcaban los tendones de su mano desde los nudillos hacia más allá, imaginando que eran sus clavículas. Besaba sus muñecas como si fuesen su cuello. Apretaba con sus labios las puntas de sus dedos humedeciéndolos ligeramente con su lengua, imaginándose que eran sus... Se imaginaba todo lo que no podía hacer estando tan cerca. Imaginárselo era todo con lo que tenía que conformarse. La miró a los ojos, pero no pudo aguantar mucho tiempo. Aunque hubiese sido una de esas personas que tienen facilidad en aguantar la mirada, no habría sido capaz de hacerlo en ese momento. Ver su boca y no poder besarla le abrasaba por dentro. Le abrasaba los ojos. Pero no lloró. Se guardaba las lágrimas para sí mismo. Se maldijo por ser tan débil. Por no poder evitar aquella situación, aun a sabiendas de que no le iba a hacer ningún bien que perdurase en el tiempo más allá de esos minutos. Juntaron sus cabezas y se abrazaron. Sus respiraciones se sincronizaron y se agitaron al mismo tiempo. Sus corazones se movieron con la misma aceleración. Sus pensamientos eran los mismos. Ambos se estaban haciendo el amor mentalmente. Sus cuerpos se movían juntos dentro de su estrecho abrazo. Incluso alcanzaron un pequeño éxtasis a la vez. Y después todo terminó. Los dos se separaron sabiendo que eso era lo más cerca que iban a poder estar nunca más. Se fue a casa tan vacío como lleno había estado hacía unos momentos. Y volvió a reproducir sin parar aquel momento en su cabeza durante siempre.

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