jueves, 3 de marzo de 2016

Quien tenga algo que decir.

"Quien tenga algo que decir que hable ahora o calle para siempre". Yo. Yo tengo muchos algos que decir. No te cases. ¿Realmente quieres eso para el resto de tu vida? Igual ahora esas palabras se pronuncian por el mero hecho de que son bonitas y gustan, pero cuánta gente lo dice en serio. ¿Te lo has planteado? Hasta que la muerte os separe. Eso es mucho. Nadie lo dice creyéndoselo. ¿Realmente te ves muriendo con él? Yo sí me veo muriendo contigo. Y no me casaría ni pronunciaría esas palabras cristianas delante de un cura y de cientos de personas, ni tampoco las pronunciaría delante de un juez. Te las diría a ti todos los días hasta que ya no lo pensase. Y me gustaría que tú me las dijeses hasta que ya no lo pensases. Que todo lo que me entregases fuese real, no un conformismo. Que nunca llegásemos a la rutina y al cariño residual. Que nunca dejásemos de querer sexo constante. ¿Realmente crees que quieres esto? Si es así, me callo y me voy. Si realmente lo haces porque sigues enamorada y no lo haces porque es el siguiente paso y porque le sigues teniendo cariño, hazlo. Con una persona solamente he sentido lo mismo que contigo con un abrazo. Yo te quiero hasta que la muerte nos separe. Que la muerte nos separe, para mí es lo que ya nos separa. Que eso se materialice. Que te cases. Eso es. Yo no puedo garantizarte una estabilidad a futuro. Pero nadie puede. Y quien diga lo contrario miente. Tú mientes si le dices que sí. Os mentisteis cuando os pedisteis matrimonio. Yo no puedo darte nada más allá de lo que ahora siento. Pero es que ahora siento que te quiero siempre. Que quiero que mis gusanos sean los tuyos. Que la tierra que ahogue mi cadáver sea la misma que respire el tuyo. No te cases.

De repente, se percató de que existía. Estaba bebiéndose una copa. Barra libre, como en todas las bodas. Estaba alejado de sus conocidos. La vio bailando con él. Con el marido. Un baile feliz, un vals. Él no bailaría el vals, lo escucharía con ella en el sofá de su casa. Y no sería el típico vals ni tampoco la melodía de la Guerra de las Galaxias ni de Juego de Tronos, como hacen en las bodas muy contemporáneas y súper frikis. Sería el vals número diez de Chopin. Estaba consumiéndose por dentro mientras lo veía. Decidió salir. Salió a los estupendos jardines. Y allí solo, se fumó un porro. Allí empezó a reproducir en su cabeza aquel vals de Chopin y bailó con ella. Bailó con ella. Él tenía muchas cosas que decir. Pero no las dijo.

No hay comentarios: