sábado, 19 de marzo de 2016

Últimamente XX.

Qué cojones hacía mal, era lo que se preguntaba últimamente. Joder, a sus amigos les había ido bien, tarde o temprano. Pero es que para él, incluso lo que era tarde ya había pasado. Y lo que era temprano no lo había conocido. Qué hacía mal. De verdad. Se lo preguntaba a sí mismo. Se lo preguntaba al aire. Qué cojones hacía mal para que no pudiese ir bien nada. No había tregua. Incluso el pilar básico sobre el que se sentía seguro, su soledad, ahora era una puta ruina. Lo único a lo que se podía aferrar que le levantase un poco la persiana para que entrase algo de luz, se había derrumbado. Desplomado. Destruido. Desaparecido. Ya no quería estar solo. Ya no se imaginaba solo delante del ordenador. Ya no se veía solo acariciando a sus gatos. Haciendo la cena. Ahora se veía acompañado. Se veía con un alma siamesa a la suya. Con ella al lado desgastando el tiempo a pocos. Pero no. La bola de demolición había venido arrasándolo todo. Y aunque no se viese solo, estaba solo.

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