martes, 8 de marzo de 2016

Nocturno 20 C sostenido menor.

Dio gracias a Chopin por entenderle un siglo antes de su nacimiento. Por saber cómo se sentía y ser capaz de componer algo para él en ese momento. Cada tecla del piano arrastraba una lágrima. Hacía mucho que no lloraba. Mucho. Había derramado un par de lágrimas alguna vez, pero sin llegar a ser como ese día. Rompió a llorar y se sintió a gusto. Dejó que las lágrimas cayesen sobre sus manos. Que la saliva se le acumulase. Y que los sollozos le estremeciesen arrítmicamente. Sentía impotencia. Impotencia por no poder controlar esa asquerosa parte de sí mismo que no quería. Por no haber sabido ni podido comportarse para que ella le hubiese querido. Que se hubiese dado cuenta de que realmente era él lo que quería. Dejó sonar el nocturno número 20 en do sostenido menor de Chopin, consolándose con saber que, al menos otra persona, también había pasado por lo mismo hacía dos siglos.

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