domingo, 6 de marzo de 2016

Enano mongolo.

Estaba anonadado. Cuánta maestría en sus palabras y sus gestos. Jamás había visto a un enano mongolo hablando sobre sus dones. Qué de cosas sabía y qué eficiente era en su trabajo diario. Qué tontos éramos todos. Le fascinaba la facilidad con la que de forma natural acudía la mierda a su boca. La facilidad con la que las subnormalidades se materializaban entre sus labios. Deberían crear una asociación solidaria solamente para esa persona. No aguantó más. Sacó una pipa y le metió un tiro en la cara.

No hay comentarios: