sábado, 6 de febrero de 2016

La peor aberración.

No existe ningún comentario suficientemente cruel para describirla. Una aberración titánica que camina tal y como lo haría un tocón de madera si cobrase vida por algún hechizo maligno. Cabeza con un haz que ojalá estuviese cubierto por la misma melena que cuelga lacia por el envés, para así no tener que ver esa expresión de asco constante, de gula crónica tatuada en sus ojos. Nos evitaríamos ver esa caverna siniestra que le hace de boca, siempre brillante en su periferia por la grasa de la ingente cantidad de comida que acaba de deglutir. Los hombros encorvados hacia adelante formando una especie de chepa impía que hace juego con sus delicados modales de hipopótama menstruando. Los pechos exageradamente grandes no son ni siquiera una virtud en ella. Destruye todo aquello que es bueno. Absorbe la felicidad de su entorno y la degenera en una masa informe de perfidia. Una barriga que se extiende más allá de lo que cualquier digestión puede soportar sin cortarse. Y no se exagera cuando se dice que ese insulto al cuerpo humano es de tal extensión que se prolonga hasta su pelvis. Su culo es una especie de cuesta rechoncha con una pendiente constante desde los muslos hasta la rebosante carne de sus lumbares. Las piernas están torcidas, y parecen tan inestables que ningún físico ha encontrado una respuesta razonable al milagroso hecho de que sea capaz de caminar y estar de pie sin volcar provocando el consecuente cráter. Es una dementora de la moral, de la ética. Cada palabra que rebuzna es un agravio a la inteligencia. Su respiración es torpe, igual que ella. Es un sofoco constante. Levantarse de la silla para irse a comprar un paquete de productos industriales con terakilocalorías en cada uno de ellos es motivo de flato, pero jamás renunciará a poder devorar aquellos chocolates que se pringan en sus dedos y alrededor de la aspiradora que tiene por boca. Chocolate que permanecerá allí hasta que su piel de armadillo lo absorba. Existen hipótesis de que no se lava por amor hacia él. Otros dicen que es porque es una cerda. Verla masticar es un espectáculo de asco y horror a partes iguales. Satura esa dosis de asco que todos necesitamos y que nos hace saciar nuestro morbo aun sabiendo que aquello que se está viendo es asqueroso. Si la nombras tres veces delante del espejo a media noche, no aparecerá. Pero si la nombras tres veces con un paquete de donettes en la mano, será tu ruina. La invocarás como quien invoca a Cthulhu. Ningún comentario, por despiadado que sea, por protervo o lacerante, por brutal o bárbaro, hará jamás justicia a la crueldad que la peor aberración concebida se merece.

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