jueves, 18 de diciembre de 2014

Cuando uno tiene gato.

Cuando uno tiene gato, sabe que a la hora de amueblar su casa no lo hace para sí mismo, sino para él. Cada mueble o enser que encuentre su sitio en en ella, será un molesto obstáculo al principio que se convertirá en un perfecto lugar de reposo para siestas aleatorias o escondite para futuras huidas repentinas e inexplicables. Cuando uno hace la compra del mes, o de los meses, dependiendo de la condición de cada uno, siempre hace un alto en la sección de golosinas y suculentos patés sin utilizar el embudo para la saca del dinero. Uno sabe que no ha de encariñarse con la bonita tela de la que están hechos los sofás, ni de las adornantes cortinas a juego con todo lo demás. Toda persona, lugar o cosa que se encuentre, ya sea por azar o por voluntad, en cualquiera de las estancias de la casa, se encuentra por razón axiomática bajo las leyes del capricho del gato. Uno sabe que todo, incluido uno mismo, le pertenece. Y si no es así, ese uno, no debe tener el privilegio de vivir con un gato.

No hay comentarios: