sábado, 18 de octubre de 2014

Últimamente IX.

Últimamente echaba de menos ciertas cosas. Una lástima que no le quedasen porros. A pesar de su determinación de estar solo, no podía dejar de pensar que su cuerpo necesitaba que alguien le hiciese cosquillas. Que alguien le abrazase y que le quisiese besar más allá de una noche cualquiera. "Eres un inmaduro. Todos esos que os pensáis que no os hace falta nadie y que os autoconvencéis de que queréis estar solos, sois los más dependientes de las personas". Algo así fue lo que, una mongólica borracha con acento de pija barata, cagó por la boca a una hora avanzada de la madrugada, cuando el garito ya había cerrado. Mientras recordaba ese mensaje subnormaloide, se alegró de haber ido suficientemente borracho como para no poder contestarla y para no retenerlo entero. Sin embargo, le dio una oportunidad al residuo que permanecía y meditó sobre ello. "¿Será verdad que aunque crea que necesito la soledad, realmente lo que necesito es a otra persona?". Nah, eso era una estupidez. Está claro que a todo el mundo le gusta que le quieran más allá de una amistad, y para llegar a esa conclusión no hace falta mezclar la madurez, ni creerse Zenón debatiendo sobre su dicotomía. Sin embargo, notaba que echaba de menos ciertos momentos que había vivido hacía mucho tiempo atrás. Casi todos en la cama, sí, pero es ahí donde se extenúa y se culmina cualquier muestra de amor verdadero. Cierto que también añoraba otros que no habían sucedido en la cama. Concluyó con certeza que en su camino hacia la soledad iba a echar de menos las caricias y los susurros, igual que, en ese justo momento, echaba de menos la piedra marrón que sabía cómo golpearle para noquearle.

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