viernes, 9 de agosto de 2013

Amor drogadicto.

La miró vidriosamente desde su impotencia. Desde su bienestar. La sonrió. El aire aprovechó para colarse por los huecos prematuros de su dentadura. Ella le devolvió la sonrisa vidriosa mientras proveía su torrente sanguíneo. Pronto sus ojos se cerraron, pero su sonrisa permanecía. Desde su rincón dejó de percibir sus latidos. La siguió mirando y, sin perder su sonrisa, sus pupilas se despidieron de ella.

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