jueves, 11 de julio de 2013

Maldita miopía.

Las gafas estaban cerca, pero inalcanzables. Las lentillas imposibles. Los prismáticos en el armario.
El movimiento armónico de la cabeza de ella se podría describir según alguna función periódica de frecuencia blasfema.
Y mientras tanto, él se lamentaba en silencio de su inoportuna miopía.

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