jueves, 11 de julio de 2013

Buscando un hueco.

Deslizó sus yemas desde sus pómulos al mentón. Continuó deleitando su tacto con su cuello. Bajó hasta sus pechos, pero no se entretuvo. Llegó hasta su vientre y se dejó caer hasta el valle. No quiso abusar y volvió a subir. Subió hasta el rincón de su ombligo, y allí acampó. Sin duda le gustaba todo de ella. Decidido, ella iba a ser su guarida para los restos, para siempre, para nunca...

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