domingo, 13 de enero de 2013

La vida sigue.

Qué dramático, llovía y las gotas de agua se deshacían sobre la piel de su cara. Sobre la sinteticidad de su chaqueta. Y se mezcalabn con las lágrimas que se precipitaban desde el abismo de sus párpados. Sus piernas parecían rebelarse contra la oreden básica de la locomoción. Sus puños apretados gritaban rabiosos e impotentes hacia el suelo. Los pocos transeúntes que obligadamente se veían en la situación de tener que caminar bajo aquel tiempo de mierda pasaban rápidos. Ignorantes ante la pena de aquella criatura. De pronto comenzó a andar. Subió la empapada calle contracorriente. Cada vez la veía más pequeña desde el portal hasta que al final desapareció. Quién sería ese penoso ser y qué le habría llevado a esa desgraciada quietud. Bueno, en cualquier caso no podría haber hecho nada por esa persona, así que salió de su refugio y comenzó a caminar pensativo bajo aquel tiempo que cada vez le gustaba más.

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