domingo, 13 de enero de 2013

Hacia el final.

La imagen de sus hijos le cruzó la mente. La cara de su mujer sonriendo. Los ojos de su mujer llorando y sus labios mojados por la tristeza. La risa de su gran amigo. La gravedad de su mirada. De repente, una corneta le sacó de su ensoñación y le trasladó hasta el retumbar de las pisadas. De los tambores. Miles de pies caminaban juntos al mismo son. Un mar de hierba se extendía ante ellos. Banderas ondeaban sus colores bajo la luz del aplastante sol. Al fondo, otros miles de pies seguían la misma marcha pero con opuesta dirección e intención. Su estómago se contraía y se relajaba casi al mismo tiempo. No desvió la mirada hacia ninguno de sus compañeros porque sabía que no encontraría refugio para su horror. No encontraría consuelo en sus endurecidos y amedrentados gestos. Así que intentó concentrar toda su fuerza en evocar el olor, el tacto, la silueta, la tersura, la ondulación y la sonrisa de lo que más quería, había querido y querría en su vida. Y con ese sueño comenzó a correr hacia el final.

6 comentarios:

DelCa dijo...

...ains, ése bonito proceso-instante antes del Fin, más conocido como el hecho de vivir.

Anónimo dijo...

Eres grande

Anónimo dijo...

Muy bien tejido y transmitido. Muy acertado el comienzo y el cierre del Texto.

Vecu dijo...

Muchas gracias por comentar amijos. Y también por leerlo :)

Anónimo dijo...

Me encantan tus relatos, si te apetece compartirlos con nosotros estamos en http://280ypunto.blogspot.com.es/

Vecu dijo...

Gracias, iré a ver qué sucede por aquel lugar :)