viernes, 20 de julio de 2012

Perdido

La tierra mojada crujía bajo sus pies. Mientras, caminaba entre las lápidas del viejo cementerio en su vuelta a casa después de haber ido a visitar la que le correspondía a su ex-amante. La aguda canción de los grillos acompañaba al caminante en su triste y mortecino recorrido.
De pronto reparó. Un pájaro como nunca hubiese visto otro. Una lechuza, apoyada, vigilante, relucía el claro azul, degradado a blanco en algunas partes, de la luna. Cuando sus miradas se encontraron ella ululó. Y él se paró en seco. Aturdido. Embelesado. Sonámbulo, emprendió la marcha tras la lechuza que comenzó a avanzar en vuelos cortos. Laberínticamente le conducía por los caminos reblandecidos. La perdió de vista. Se quedó quieto, esperando que apareciese por detrás de alguna lápida. Nada. Repentinamente, una frágil brisa susurró su nombre con una voz hechizante. Dio media vuelta y vio a una joven, vestida en puro blanco. Su pelo vestía en tonos azulados. Comenzó a seguirla al igual que hiciere con la lechuza.
Ella le dirigió por el mar de losas ancladas al suelo. Alcanzó una cripta y entró por la puerta entornada. Él se detuvo un instante. Retomó la fascinada persecución. También entró por la puerta y descendió la serie de interminables escalones de piedra cubiertos por una suave y fina capa de musgo. Tras él, la puerta se cerró. Para siempre. Jamás se volvió a tener noticias del joven.

No hay comentarios: