sábado, 8 de octubre de 2011

El juego de perder.

Miró a su oponente a los ojos. Le devolvió la mirada. Le habría gustado poder esconder su temor y su rabia detrás de una máscara de indiferencia como la que vestía el rostro del otro. Ambos se giraron hasta quedar espalda contra espalda. Comenzaron a dar pasos largos, lentos y rítmicos ante la atenta mirada de sus padrinos, del juez y de la mujer por la que se había producido este molesto y triste acontecimiento. ¿Merecía la pena? Su vida por una mujer. ¿Sentiría ella algo tras su muerte? ¿O sería enterrado sin mayor dolor que el del enterrador? Ya no había marcha atrás. El amor hizo decidir sin querer hacerlo. Ambos llegaron al límite de los pasos y giraron resignados de vida ajena. Dos disparos sonaron. Uno acertó en carne. El otro se perdió. Uno caía. Otro no. Y uno veía cómo lo que él pensó que sería su despedida era un desengaño, una palmada de alegría, una sonrisa...

1 comentario:

Lasa dijo...

Dios que grande.... me imagino a mi mismo cayendo por el supuesto amor de una liberal muchacha recién conocida en un antro de Tribunal y no puedo más que sentirme mal...