jueves, 23 de abril de 2009

Aquí te pillo, aquí te mato


“Es que no tengo tiempo, Entre unas cosas y otras, no encuentro el momento”, le dijo a la conocida lóbrega encapuchada. Ella apuntó hacia él sus vacías cuencas. Apartó la capucha dejándole ver su cadavérico rostro y dijo: “mira cómo he quedado de esperarte. Raquítica. ¡En los huesos!”. Por un momento sintió lástima, y a punto estuvo de acompañarla. Pero no. Aquel fugaz, pero apasionado encuentro, de hace tanto tiempo, no la daba derecho a hacerle este chantaje emocional. Una serpenteante marca que recorría la huesuda mejilla, insinuaba una única lágrima. Tanto dolor acumulaba que fue capaz de erosionar hasta marcar el hueso. Sus años de frívolo juego mortal habían terminado con aquel error. Enamorarse. Volvió a cubrir su óseo rostro donde antaño descansaron unos perfectos y lujuriosos rasgos carnosos. Dio media vuelta y marchó. Nunca más le dio a nadie una segunda oportunidad.

2 comentarios:

Pitufa dijo...

Algunas veces las segundas oportunidades son buenas.... aunque todo el mundo dice lo contrario..
Creo que hay que hacer sin más lo que el corazón te pide..

Vecu dijo...

Jelou Pitufa. Ciertamenta, pero si haces eso, hay más probabilidades de que luego te lleves un chasco. Pero claro, qué haces? A lo peor es mejor arriesgarse. Es un dilemar. Entonces quedamos en que dos vale, pero tres ya...